Pilar Nosti
Pilar Nosti partía desde cero. Literalmente.
Sin comunidad, sin experiencia previa en cursos presenciales y con una presencia digital limitada, la marca enfrentaba un reto doble: conectar con una audiencia muy específica y, al mismo tiempo, llenar cursos presenciales en una zona geográfica concreta.
Su público —mujeres mayores de 50 años atravesando cambios personales profundos— no respondía a fórmulas genéricas de marketing. Requería cercanía, empatía y mensajes que reflejaran exactamente lo que estaban viviendo.
El reto no era alcance.
Era confianza, relevancia y conversión real.
Hablarle a una comunidad, no a un algoritmo.
En Capsule diseñamos un sistema de comunicación centrado en comprender profundamente a la audiencia: sus miedos, su día a día y los momentos de transición que atravesaban. El objetivo fue construir una narrativa cercana, humana y local, capaz de convertir interés digital en asistencia presencial.
La estrategia se apoyó en inteligencia artificial para testear mensajes, optimizar ganchos y escalar contenido, siempre bajo un proceso de humanización que mantuvo intacta la calidez y autenticidad de la marca.
Precisión antes que volumen.
La ejecución se estructuró bajo principios claros:
- Facebook como canal principal para construir comunidad local y generar demanda.
- Instagram como canal secundario de refuerzo.
- Publicidad concentrada en ventanas cortas previas a cada curso presencial.
- Mensajes adaptados al momento emocional de la audiencia, no a tendencias genéricas.
Se trabajó con pruebas A/B constantes, segmentación geográfica específica y seguimiento cercano vía mensajería directa, priorizando conversaciones reales sobre métricas de vanidad.
De una cuenta naïve a una marca con sold out constante.
- +3,000 seguidores en Meta en 6 meses, con más del 85% dentro del perfil ideal.
- Engagement orgánico multiplicado por 7.
- Sold out en cada uno de los cursos presenciales.
- +1,000 prospectos calificados generados.
- Incremento del 47% en tiempo de visualización de contenidos.
Más allá de los números, la estrategia logró algo clave: las asistentes se inscribían porque los mensajes reflejaban exactamente el momento personal que estaban viviendo.